MOMENTO POLÍTICO

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Si bien empezamos el año con la Ley de Seguridad Interior, que tanta inquietud y malestar ha provocado en todos los ámbitos del quehacer nacional e internacional, en Sonora se promueve desde el Congreso del Estado una reforma penal en materia de legítima defensa, tan cuestionable como la primera aunque sea de carácter local. Veamos:

Para que se configure la legítima defensa en el caso en que una persona quite la vida o hiera a otra, debe haber cierta igualdad en las armas que portan uno y otro. Por ejemplo:

Si Juan amenaza a Pedro con un cuchillo y los dos están a una distancia de tres metros entre sí y Pedro responde extrayendo un revólver, apunta y dispara, dando muerte a Juan, no es legítima defensa, Pedro tenía amplia ventaja desde un principio. Al poseer un arma de fuego y aquel un cuchillo tuvo oportunidad de amenazarlo y desarmarlo o como última opción, dispararle a la mano o las piernas, pero al quitarle la vida va a la cárcel y será procesado por homicidio. Se excedió al defenderse.

Lo anterior tiene vigencia legal, que no se respete ese ordenamiento establecido en el código penal es corrupción e igual sería procesado un profesionista, obrero, deportistas, estudiante, agente policíaco, militar,  en fin, cualquier persona que abuse de la fuerza con el argumento de que se defiende.

Ahora bien, con la reforma el abuso de la fuerza ya no es delito, incluso si una persona arroja una piedra o amenaza con lanzarla contra un agente policíaco y este le dispara, matándola, es legítima defensa. Ya hay numerosos casos así y la impunidad se ha impuesto.

Así las cosas, con la militarización del país y los abusos convertidos en ley la sociedad se hace más vulnerable.

Por un lado la delincuencia común y por el otro las fuerzas militares y policíacas haciendo y deshaciendo a su antojo, todo en vísperas de un proceso electoral en el que se elegirán presidente de la República, senadores, diputados y alcalde, además de gobernadores en varios estados del país.

Delicada como preocupante situación.

El argumento es que la delincuencia ha sentado sus reales y se ha transformado en una fuerza que rebasa a los organismos encargados de brindar protección y seguridad pública, pero, ¿se están atacando los causales de delincuencia?, al menos hasta donde sabemos, la respuesta es no, y por otro lado, ¿se está procediendo contra los agentes policíacos y  militares que cometen delitos desde simples hasta graves? La respuesta también es que no, salvo casos aislados.

La realidad que se muestra es que el sistema, dominado por priístas, panistas, perredistas y demás, está enfocado a generar condiciones en la que la sociedad, el pueblo, pues, no quiera ni respete a sus gobernantes, pero sí les tenga temor.

Nicolás Maquiavelo sentenció en su leída obra El Príncipe, que para un gobernante es mejor que le teman a que lo quieran. De acuerdo con la tendencia, reformas y métodos, hacia allá se avanza. No busco ser popular y que me quieran, busco que me teman, diría en la actualidad el gobernante en turno, aunque después se convierta en víctima, cuando haya dejado el poder.

Sin embargo, ¿por qué se están generando condiciones como estas? Mire usted:

Aparte de la inseguridad, que se traduce en derramamiento de sangre, la sociedad padece problemas estructurales de todo tipo.

Desde el gobierno nos dicen que tras una serie de jornadas exitosas encabezadas por el Banco de México, el dólar, que estaba en 21 pesos ahora está en sólo 19 pesos, pero no se dice nada de que cuando inició este gobierno presidido por Enrique Peña Nieto el dólar estaba en 9.30 pesos.

Que los precios de los artículos de mayor consumo aumentaron en los últimos meses, algunos al doble como la gasolina, otros 30 por ciento como el gas LP, es culpa de los comerciantes y de los precios internacionales nos repiten, pero se calla el hecho de que la inflación subió de 2.0 en 2012, a 8.3 por ciento en la actualidad, lo que ha encarecido de manera muy notable y daña el crédito, con tasas anualizadas de alrededor de 80 por ciento por el uso de tarjetas de crédito bancarias.

En materia de criminalidad todos sabemos cómo andan las cosas, vivimos en situación de guerra. Compare el lector cuántos civiles y militares murieron de manera violenta en 2017 en Irak, Afganistán, Israel y Palestina, en México son más las víctimas y "vivimos en paz, sin guerra” (?), desde que Felipe Calderón declaró la guerra al crimen organizado.

La fuerza contra la fuerza y al final todos hemos terminado perdiendo porque la violencia está en cada ciudad, en cada pueblo, en cada colonia y calle, nadie se salva, estamos muy lejos del bienestar social ofrecido y vemos que hay cambios en la administración pública, pero curiosamente se erigen contra el pueblo, por lo que urge un cambio de verdad.

Han gobernado México PRI y PAN y la justicia social no llega y experimentar resulta tan preocupante como el hecho de que sigan los mismos, con los mismos métodos y resultados.

¿Qué nos ofrece de nuevo José Antonio Meade o Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya o alguno de los independientes que andan por ahí?

Urgen reformas, sí, pero pensando en el bienestar social, no en los grupos de poder.

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